Tengo cierta debilidad por los puzzles. Me gustan preferiblemente grandes, a partir de 3.000 piezas, y procuro buscarlos difíciles. Los últimos que he hecho son un bosque nórdico totalmente nevado y una puesta de sol en un acantilado marino. Tengo sin empezar uno de una playa caribeña plagada de palmeras y demás vegetación. Me gustan los retos y resulta apasionante volcar en la mesa 4 ó 5 mil piezas con diferentes tonos del mismo color. Cada día me resulta más difícil encontrar la mezcla de paisajes bonitos con un elevado número de piezas y con poca variedad de colores.
Declaración de intenciones
miércoles, 14 de noviembre de 2007
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